El pionero de la fotografía digital instala, en el lugar que fue su primer cuarto oscuro, el Foto Museo Cuatro Caminos.
Beatriz Velasco
Recibió su primera cámara cuando tenía 13 años, pero fue hasta los 39 cuando decidió que la fotografía era su vocación.  (Foto: Corina Herrera)

Recibió su primera cámara cuando tenía 13 años, pero fue hasta los 39 cuando decidió que la fotografía era su vocación. (Foto: Corina Herrera)

Detrás de sus inseparables gafas, Pedro Meyer se distingue por tener unos ojos pequeños pero chispeantes, mucha luz en la mirada, en sus ideas y en la forma de plantearlas. El célebre fotógrafo charló con CLASE sobre diversas instantáneas de su vida y su interés por hacer que las imágenes, además de verse, sean motivo de reflexión, cuestionamiento y diálogo. 

El 2015 ha sido un excelente año para este artista de la lente -reconocido por su vanguardia en materia digital-, apagará 80 velitas en su próximo pastel de cumpleaños (octubre), y recientemente ‘encendió’ su más ambicioso proyecto: el Foto Museo Cuatro Caminos.

En su trayectoria, hay importantes instantáneas que destacan: recibió su primera cámara cuando tenía 13 años, en 1948, pero fue hasta los 39, en 1974, cuando decidió que la fotografía era su vocación y se dedicó de lleno a ella. Pedro fue uno de los fundadores del Consejo Mexicano de la Fotografía, organizó los tres primeros Coloquios Latinoamericanos de Fotografía, la revista digital de imagen ZoneZero. 

Acompañado de su inseparable cámara, el fotógrafo plática sin dejar de capturar lo que sucede a su alrededor. Estamos en una de las naves principales del novísimo FM4C, espacio en el que hace varias décadas había una fábrica de plásticos, propiedad de los padres de Pedro, y que ahora resurge ampliada y lista para ser sede de debates en torno de la imagen.

 

¿Te has despertado algún día sin ganas de fotografiar?

 ¡No! No, eso sí nunca me ha pasado. 

 

¿Hay alguna imagen que desearías borrar de tu cabeza?

No.  Hay muchas que no son buenas, pero igual las pongo. Yo asumo lo que he vivido y lo que he visto. Y lo que pasó. Eso lo asumo y es lo que es. Uno no puede borrar las cosas. Borrar no tiene sentido. Hay que asumir lo que se hizo, pudo no ser lo mejor pero se tiene que asumir lo que hace en la vida.

 

De todos los logros que has tenido, ¿de cuál te sientes más orgulloso?

¡Uy! (Pedro se pone las manos sobre el rostro, cierra los ojos y se inclina hacia el frente). Mira, el logro que me da más satisfacción es el de poder estar sentado aquí, en esta banquita y pensar que al maestro carpintero, que es mi amigo, le quedó muy bien, después de que probamos y le cambiamos la altura. El poder estar aquí contigo, ver a los que están aquí y ver la luz de esta sala... Es una cosa lindísima.

Y estar aquí, en la que fuera una fábrica de plásticos que fundó tu padre, tras huir de España. 

Sí, bueno, se amplió el terreno. La fábrica empezó por allá. Mi padre y yo juntos ¡hace 60 años! Aquí no había calle, ni luz, ni teléfono, nada, sólo vacas y maizales. Compramos el terreno, costaba un peso por metro cuadrado. Incluso, yo puse mi primer cuarto oscuro aquí. Así pasan las cosas.

 

En tu vida diaria, ¿cómo vives la fotografía?

Con mucho cariño. Me gusta ver cómo se ve el mundo a través de la imagen. Yo fotografío para recordar, todo el tiempo. El acervo que tengo en línea es de medio millón de imágenes. Es el mayor acervo, en el mundo, de un fotógrafo.

 

¿Sigues imprimiendo tus imágenes?

Llevo como un año en el que no he tenido tiempo para hacerlo, ¡o más! Como dos años. Porque he estado aquí, ocupado con el museo. Entonces, como en este momento no tengo una exposición en puerta, no lo he hecho.

 

¿Cómo ves la fotografía digital en la época de Instagram?

Pues depende de lo que se quiera decir. Si vas a decir cosas interesantes, pues está bueno, pero si vas a decir tonterías, es una pena. En sí, no es ni bueno ni malo. Es como una hoja de papel para una escritor. La hoja de papel, ¿qué? puedes escribir tonterías o estar haciendo algo que realmente merezca la atención.

 

Comentabas que las fotografías generan más preguntas que respuestas, ¿qué preguntan tus fotografías?

¡Uy! ¿Mis fotografías? ¿Cuál de las miles que he tomado? El tema es qué es lo que quiero decir. En el acto de fotografiar. Aprendes a tomar decisiones muy rápido. Tienes que estar muy consiente. Si alguien, por ejemplo, se está frotando los ojos o alguien que está parado con su celular ¿qué está diciendo con eso?

¿Cuál será el discurso del Museo de Pedro Meyer?

Muy sencillo. Que el mayor número de personas salga de aquí con ideas, con posibilidades de desarrollarse y mejorarse. Encontrar formas de expresarse. Formas de trabajar, de aportar a la economía y de encontrar respuestas para su vida personal.

 

Con las primeras exposiciones: “Todo por ver” y “El estado de las cosas”, ¿qué descubriste?

Yo creo que el concepto de la fotografía es un concepto dinámico. Lo mismo te encuentras con fotografías en reproducciones monumentales que con unos cuadros chiquitos. No es una sola, algunos son en formato de videos con proyecciones. Entonces, estas plataformas en las que se presentan las imágenes, son dignas de tomarse en cuenta para el desarrollo de los mismos autores, de la comunidad a la que servimos. O sea, cada uno de los autores quiere, a su vez, ganarse la vida haciendo algo.

Respecto a los retos de los museos, Wim Pijbes (director general del Rijksmuseum de Ámsterdam) decía que ‘compartir es el nuevo tener’ ¿qué opinas sobre esta afirmación?

Yo no quiero que la gente nada más venga aquí para ver fotos y que se vaya pensando: ‘Pues ya fui a un museo’. No. Queremos que venga y que tenga una experiencia, se tome un café, platique, que se reúna. Que vea en este espacio un destino para dirimir sobre los temas de las fotografías. Por ejemplo, aquí estamos imprimiendo. No son nada más pantallas. Es la suma de las pantallas, más lo que está impreso, más este espacio —que queremos sea un espacio social— hacen una diferencia. 

 

Platícanos sobre el proceso creativo de este espacio, decían que las juntas incluían mezcal y dominó…

Qué te puedo decir de esos diálogos, cuando aquí tienes el resultado (risas). No creo en platicar de lo que uno pensó o hizo. Creo que ‘el movimiento se demuestra andando’ y  es lo que estamos haciendo o qué es lo que podemos hacer es el tema. Porque esto apenas comienza. Se van a sorprender con las cosas que van a ir ocurriendo en este espacio.

¿Cómo ha sido el proceso para fomentar que la fotografía no sólo se vea, sino que también se analice y discuta?

El tema ha sido el de convocar. Cuando estás convocando las inteligencias, las sensibilidades y los puntos de vista de mucha gente. Cuando convocas, algo pasa que es interesante y generalmente es que lleva las ideas más allá de lo que es el punto de vista sólo de una persona. Y eso es lo que hemos tratado de hacer aquí.

 

¿Cuál consideras es el reto de un museo en la época digital?

Mantenerse vigente. No es fácil hacerlo cuando hay tantos cambios, tan rápido. Nuestra intención es provocar la discusión en torno a lo que es un museo. Por eso, llamamos a éste espacio así, para que se discuta lo que es un museo del siglo XXI. Todas las exposiciones y el material que recibamos, se regresará a sus autores, orígenes, lo que venga, que sean otros los que hagan las colecciones. 

 

FM4C es un espacio dedicado a la exhibición, enseñanza, análisis, diálogo y divulgación de la imagen fija y en movimiento. Las salas aún huelen a pintura fresca y sobre las paredes, ya están colocadas todas las imágenes de las muestras inaugurales. 

Con el FM4C, Meyer, invita a los lectores a descubrir la imagen, desde una nueva perspectiva, en su pequeño cuarto oscuro, ahora lleno de luz.

 

Foto Museo Cuatro Caminos

Ingenieros Militares 77, Lomas de Sotelo.

fpmeyer.com/

 

 

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