El 70 aniversario de bodas de la Reina Isabel II y Felipe de Edimburgo

Felipe pidió la mano de Isabel en matrimonio en 1946 y el rey le concedió su permiso bajo la condición de que un compromiso formal se retrasara hasta que Isabel cumpliera 21 años.

El príncipe Felipe y la reina Isabel II se casaron en 1947, dos años después de que finalizó la Segunda Guerra Mundial. (Foto: Reuters, Getty Images)
Realeza Erika Roa Torres 17/11/2017 18:04 Actualizada 18:08

La reina de Inglaterra y el duque de Edimburgo celebran sus bodas de titanio. Te contamos los detalles de su fastuosa boda.

Así fue el vestido de novia de Isabel II

Inspirado en la obra “La Primavera” de Sandro Botticelli, Norman Harnell fue el creador de este histórico vestido. 

Para la confección del traje de novia, se llamó al diseñador Norman Hartnell, modisto de su madre, la reina consorte Isabel. 

En aquel entonces Norman tenía 46 años y ya contaba con una gran reputación en el Reino Unido. 

Tuvo la increíble, pero también difícil encomienda de realizar este modelo que ya forma parte de la historia. No tenía mucho presupuesto así que debía aprovechar cada libra que tenía.

Hartnell se inspiró en el cuadro “La Primavera” de Sandro Botticelli para la creación de este vestido. Primero realizó un bosquejo y una vez que Isabel II dio el visto bueno, él y su grupo de costureras comenzaron a trabajar en un taller. Como se trataba del secreto mejor guardado de la boda real, todas las personas involucradas en este vestido no pudieron comentarlo con nadie en los poco más de dos meses que tardaron en terminarlo. 

Este hermoso traje de novia se confeccionó en satín color marfil con hilo de plata y decorado con finos cristales, así como con10 mil perlas blancas importadas de América. También se usó tul para darle vuelo. La cola era de cuatro metros y medio de largo y en ella figuran varias estrellas parecidas al cuadro de Botticelli, ícono de la renovación. 

El día de la boda, el Palacio de Buckingham reservó un lugar afuera de éste, donde la multitud suele agolparse en eventos importantes, para que las costureras pudieran estar en primera fila cuando saliera la novia por la puerta y en el balcón junto a su esposo, Felipe. 

 

El ramo

La Worshipful Company de los jardineros ingleses obsequio las flores para la elaboración del ramo que fue creado por el St. Florist MH Longmans. Este hermoso accesorio nupcial está compuesto por orquídeas blancas y una rama de mirto extraído de los jardines de la reina Victoria y depositado al día siguiente del enlace en la tumba del Soldado Desconocido de la Abadía de Westminster.

 

Algo viejo 

Una anécdota curiosa que se vivió el día de la boda, poco antes de salir hacia la Abadía para casarse, es que la tiara Fringe (1830) de Isabel II se rompió, por lo que el joyero real tuvo que repararla en cuestión de minutos y con gran maestranza para que el desafortunado incidente quedara sólo en una anécdota más. 

Esta tiara perteneció a la reina Mary y también se puede usar como collar. Es la tiara preferida de la reina Isabel II porque no sólo ella contrajo matrimonio con ésta, sino que también su hija Ana la usó el día de su boda en 1973. 

La hermosa pieza está compuesta por 60 barras verticales de diamantes y 30 en forma de berbiquí. Sin duda es una joya de gran valor histórico y sentimental. 

 

 

 

El pastel de bodas de Isabel II 

En medio de la crisis económica que vivió Gran Bretaña tras la Segunda Guerra Mundial, muchas colonias inglesas hicieron una “coperacha” para enviar los ingredientes y así la princesa pudiera tener un pastel digno de una royal.

La boda de la reina Isabel II y Felipe de Edimburgo se llevó a cabo sólo dos años, dos meses y 18 días después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Así que aunque fue un enlace real anunciado por todo lo alto, lo cierto es que la austeridad fue el hilo conductor de aquel día.

De hecho la entonces princesa Isabel de Inglaterra tuvo que juntar los cupones que otorgaba el gobierno para la asignación gubernamental de recursos limitados y bienes de consumo básicos, y así poder comprar todo lo necesario para su boda. 

Un dato curioso y que habla mucho del cariño que tiene desde siempre el pueblo inglés por su Familia Real, es que pese a que muchos ciudadanos vivían con gran austeridad, cientos de ellos enviaron por correo a Buckingham uno o dos cupones que les sobraban para que Isabel no tuviera ningún problema en conseguir los productos que necesitaba. Sin embargo la entonces princesa Isabel no pudo aceptar tan amable “regalo de bodas” de sus súbditos y regresó por correo dichos cupones. En cambio el gobierno al ver esto, le permitió un gasto adicional de 200 libras (unos $195,000 pesos mexicanos actuales). 

En este caso fueron las colonias inglesas las que entraron en ayuda de la princesa Isabel y enviaron algunos ingredientes para así surtir la receta completa del pastel. El 17 de septiembre de aquel 1947, las Australian Girls Guides juntaron para comprar la mantequilla, huevos y almendras que entregaron a la Secretaria General de la Sede imperial inglesa en Australia, Miss Anderson. El gobierno de Trinidad y Tobago envió azúcar damerara o mejor conocida como morena. Por su parte Barbados cooperó con el jarabe.

Como decimos en México, ¡casi casi le faltó a Isabel II pasar el zapato en cada mesa para que los invitados le depositaran un billete!  Eso sí, el asunto muy royal. 

La famosa confitería inglesa Berkshire fue la encargada de hornear el pastel de bodas. Tardaron un mes en su creación, comenzando la elaboración de la masa desde finales de septiembre para que el primero de octubre de aquel 1947 ya dos panaderos horneaban un piso de la tarta nupcial. Hacia el 7 de noviembre un repostero de la firma Lyons of Cabdy Hall decoraba artesanalmente uno de los paneles de satín blanco y azul (el color de la realeza). 

Al final el impresionante pastel de bodas pesó 200 kilos y fue cortado por los novios con una espada del novio, Felipe de Edimburgo. 

La pastelería Berkshire elaboró una réplica del pastel para colocarlo en en la  vitrina de su tienda y así el público lo pudiera admirar.  

La mesa de regalos de boda de Isabel II y Felipe de Edimburgo

Se contaron dos mil 500 regalos de todas partes del mundo. 

Al ser una de las grandes bodas reales de la posguerra y como bien dijo Winston Churchill que este enlace era “un toque de color en el duro camino que debemos recorrer”, toda Inglaterra, las colonias inglesas y diferentes países de todo el mundo se unieron al júbilo de esta pareja real que hoy cumple 70 años de casados. 

Todos, de alguna u otra forma querían festejar a Isabel y Felipe y enviaron diversos regalos de boda a Buckingham.

Los presentes fueron exhibidos al público en el Palacio de St. James y se cobraba el boleto por una cantidad simbólica; los fondos recaudados iban a parar a las familias más necesitadas. 

Entre las decenas de artículos de plata y cristalería, hay varios presentes muy originales como:

Un juego de porcelana del presidente de China, Chiang Kai-Shek.

Una máquina Singer.

Un caballo, por el gran gusto de la princesa Isabel por estos animales. 

500 latas de piña

131 pares de medias nylon (un producto muy cotizado en la posguerra)

Un juego de botes para guardar chocolates del papa Pío XII.

Pero sin duda el regalo más polémico fue el de Mahatma Gandhi que cortó un pedazo de tela de su propia vestimenta con las inscripción “Viva la india” y aunque fue muy mal recibido por la corte inglesa, él explicó que al no tener posesiones quería darle algo a la princesa. Sin duda ahora el valor de ese pedazo de tela es invaluable.