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La Semana Santa es uno de los periodos conmemorativos más relevantes para la comunidad católica en México, pues representa una jornada de profunda reflexión y de colectividad.
En el marco de la Semana Mayor, niños, jóvenes y adultos asumieron su labor como misioneros, con el propósito de llevar esperanza a distintas comunidades del país.
Las misiones se llevaron a cabo del 17 al 4 de abril, con alrededor de 10 mil 300 misioneros de todas edades, que cambiaron sus planes y vacaciones para visitar pequeñas comunidades, en las que hace falta un mensaje de esperanza, ayuda espiritual y humanitaria.

En Revista Clase, pudimos acompañar de cerca a profesionistas que viajaron a la comunidad de Jiquipilco El Viejo, una localidad ubicada en Temoaya, Estado de México, con el fin de platicar con los habitantes, orar juntos, y realizar diferentes actividades en la parroquia.
“Es una experiencia muy linda. Nos dedicamos a ir casa por casa, conociendo a la comunidad. Yo vengo con mi esposo y con mis hermanos y con varios amigos, lo cual es un regalo, el poder compartir mi fe con las personas más cercanas a mí y con las personas de la comunidad”, compartió Domini Suarez, quien labora en la Universidad Anáhuac y que fue parte del programa de misiones.

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Así se vivió el programa de Misiones 2026
A lo largo de una semana, los misioneros se dedican a convivir de cerca con las personas de las comunidades, quienes, con el corazón abierto, comparten sus vivencias y preocupaciones, con el propósito de orar juntos y sembrar así una semilla de esperanza.
Esta noble labor, en ocasiones, recoge testimonios difíciles, como enfermedades, adicciones o situaciones de violencia, que los misioneros acompañan y abordan desde la fe.

“Escuchar estos testimonios es duro, especialmente porque venimos de paso. Sin embargo, sé que muchas personas necesitan este mensaje de esperanza en estos momentos, especialmente en el contexto de nuestro país. Creo que las personas necesitan saber que hay esperanza, que existe un sentido de trascendencia”, nos compartió Pablo, quien realiza misiones desde hace varios años.
Además de visitar casa por casa, los misioneros también realizan actividades en la parroquia de la comunidad correspondiente, como talleres y conciertos.

Recientemente, la comunidad de las distintas universidades Anáhuac llegó a más de 200 parroquias y mil 120 comunidades rurales, brindando cobertura a 49 diócesis en 26 estados de México, así como a diversas provincias en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Texas, con un impacto que superó las 800 mil personas.
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