El sodio, en todas partes

Una política pública verdaderamente eficaz no estriba en poner o quitar el salero de la mesa, sino en regular a la industria alimenticia.

Foodie con Clase 28/08/2015 14:40 Actualizada 20:42

Cuando no sabemos qué hacer, échale la culpa a alguien... ¡Fue la sal! Ni los embutidos, ni los refrescos. Ni la leche o el agua. ¡Es culpa de quien le pone sal a su taco! ¡Porque tampoco es culpa del taco, ni la fritanga! Resulta más fácil amonestar al comensal quitando a la industria alimenticia ¡Ya suficiente tuvieron con el impuesto al azúcar! La moción es laxa y carece de validación científica. Entiendo su desesperación por disminuir los costos que las enfermedades cardiovasculares representan para el país. 

¡Sí, seguramente hay hipertensión e infartos! Pero esto se debe al primer factor que amenaza a la sociedad: la obesidad. 

En México hay 60.6 millones de personas con sobrepreso, 70% son adultos y 30% niños y adolescentes, condición que, con base en miles de estudios científicos deriva en enfermedades crónico degenerativas. La hipertensión es una de ellas. Pero quisiera saber, ¿qué va a pasar cuando los casos de diabetes y cáncer rebasen el presupuesto nacional para la salud pública?

Los recursos destinados a la Estrategia Nacional para la Prevención y Control de Sobrepeso de este año son de poco más de 320 millones de pesos. Si esto lo dividimos entre los 60.6 millones de personas que tienen sobrepeso, les deja tan solo 5.3 pesos por persona ¡al año! Como dato curioso, la recaudación proyectada del impuesto sobre bebidas y alimentos hipercalóricos es de 22,861.7 millones de pesos. 

Con esto supera por 6.875% más que lo que se destina a la obesidad. Ahí les va este dato que arroja el IMSS, el empleado que padece de diabetes, falta alrededor de 10 días anuales por su condición. ¡Y son 185 mil! Entonces en un año se pierden más de 400 millones de horas laborales por razones asociadas a la enfermedad. ¡Y esperen a que llegue la cifra a los millones! Seguramente va a causar una crisis económica. 

Sal, sodio, glutamato, monosódico (GMS), nitrito de sodio, sacarina de sodio, bicarbonato de sodio, benzoato de sodio. ¡Ya dejen el salero en la mesa! El sodio está en todas partes. Desde el betabel hasta los concentrados. Carnes procesadas (tocino, embutidos, jamón) y verduras enlatadas. 

Comidas rápidas, refrescos, cacahuates, pan. Una política pública, verdaderamente eficaz no estriba en poner o quitar el salero de la mesa, sino en regular a la industria alimenticia en donde está el 98% de su ingesta, y educar al ciudadano en sus hábitos alimenticios.