Desde hace 25 años ha reunido objetos navideños en su casa de Lomas de Chapultepec. El conjunto de adornos más extenso que posee es de esferas, tiene más de tres mil y las coloca en un enorme árbol.
Texto: Carlos Herrera/Fotos: Corina Herrera
Marcela y sus nietas no permiten que nadie más las ayude a colocar las esferas. Foto: Corina Herrera

Marcela y sus nietas no permiten que nadie más las ayude a colocar las esferas. Foto: Corina Herrera

Los jóvenes son prácticos no creo que sigan este tipo de tradiciones pero sería bonito y yo sería feliz de que mis nietas continuaran con mi colección"

Al entrar en su casa observamos un Santa Claus gigantesco que forma parte de su gran colección. Marcela Gómez nos recibe con amabilidad y calidez, acompañada de sus nietas y perritos schnauzers.

Todos los años esta particular coleccionista de objetos navideños coloca las esferas meticulosamente una a una en su inmenso árbol artificial. Ella y sus nietas no permiten que nadie más las ayude por miedo a perder alguna de éstas por un descuido: “Yo las coloco todas y a veces ellas ponen algunas, pero, cuando no me ven, las pongo en el lugar correcto”. Y es que Marcela sabe exactamente el lugar que le corresponde a cada esfera en el árbol.

Nos cuenta que cuando era niña, en su casa la época navideña significaba fiestas con más de 100 invitados, se hacían rezos, se arrullaba al niño Dios, luego se disfrutaba de una gran cena y se abrían muchos regalos. Su afición por la Navidad es desde siempre. 

Recuerda que su padre cortaba el árbol más grande y frondoso del jardín y después lo adornaban todos juntos en familia. Otro evento determinante en su gusto por coleccionar fue que su madre les dejó a ella y a sus hermanas, varias esferas, las cuales atesora por su valor sentimental.

Actualmente Marcela ya dejó de comprar, pero sus familiares y amigos -que conocen su afición- le siguen regalando esferas y adornos navideños. Por ello, año tras año crece su colección. La compilación se compone de diferentes estilos que van desde las más sencillas de latón hasta las hechas por el artista polaco Cristopher Radko, las de Swarovsky, Hallmark, Disney, Lladró, Versace y otras más que ha comprado en Francia, Orlando y Venecia, entre otros lugares.

Su colección tiene un incalculable precio, pero, más allá del dinero, las esferas tienen un valor sentimental que desea transmitir a sus hijas y nietas. “Tengo esferas hechas a mano que sobrepasan los 5,000 pesos, si mi marido se entera al otro día vende todo”, comenta riéndose. 

Tener estos objetos la hace sentir tranquila, para ella es como "si se detuviera el tiempo y las memorias", nos dice muy satisfecha esta linda abuela coleccionista. 

Cuando termina la época decembrina, Marcela nos explica que guarda su colección en dos habitaciones grandes que utiliza como almacén, además de una parte de su sótano y varios clósets de su casa.

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