El canto del alma

La cantina no guarda alcohol, resguarda el espíritu lastimado por el tránsito de la vida.

Foodie con Clase 20/01/2016 20:15 Actualizada 20:49

Existe una terrible antipatía en “Copy-Paste” de los autores baratos, que no se dan a la tarea de hacer investigaciones sensatas. Me encontré con tres páginas completas de Google, donde aseguran que la etimología de cantina deriva del italiano “cava de vino”. ¡Qué risa! ¡Es simplemente ilógico! Y no se necesita hablar italiano para llegar a la conclusión de que la fuente, seguramente Wikipedia, juega a ser la ficha negra del maratón de la ignorancia.  Mi conclusión es sencilla. ¿Qué pasa en una cantina? La gente canta, bebe, come y desahoga el alma. Así pues, el verdadero origen del término proviene del griego kamptos (cantar), del francés chant, del italiano… o cualquier idioma que se refiera a la raíz de tal índole. 

Las cantinas son las dueñas de la esperanza. El recinto del despertar del silencio… Porque todos hemos pasado por algún dolor profundo que extingue nuestra voz. ¡Todos! En esta vida, nadie se salva del “dolor del pecho”. Y nadie, tras sus pesadas puertas, sale de ahí sin haber comido, bebido y cantado sus pesares. Los cantineros son psicólogos y todos son compadres. Tras la sombra de su reputación los clientes salen con el estómago satisfecho, los ojos secos y el alma recogida. La cantina no guarda alcohol, resguarda el espíritu lastimado por el tránsito de la vida. Como diría Sabines: “Dice el doctor que todo es mal de los nervios. Lo mismo dice Buda en esa novela que escribió hace poco de los Beatles”. La ironía del diablo y la resurrección. 

 

Cantina La Otra. Empieza con un taco de lengua para el cardio espiritual, o un tamalito. La propuesta gastronómica de Diana Payán es simplemente maravillosa. Mezcla las nuevas técnicas culinarias con productos locales de primera calidad. Quedé enamorada del servicio, los camarones… y el tamal. Su coctelería es extraordinaria… ¡y el tamal! Y es que viene en una cama de salsa roja con chicharrón. ¡Tienes que probarlo! Calderón de la Barca 72, Polanco 

 

La 20. Su estilo es muy europeo, pero sirven antojitos mexicanos y mariscos. Dobladitas de jaiba, chiles rellenos, chicharrón de rib eye, robalo a la sal. Su coctelería mezcla ideas que jamás te imaginarías en una bebida, prueba el mojito de guanábana con mezcal y el martini mazapán. Andrés Bello 10, Polanco

 

La Ópera. Legendario lugar que abrió sus puertas en 1876, cuando el presidente Porfirio Díaz empezó a modernizar la ciudad con un estilo francés. Desde hace tiempo, ofrece un ambiente (irónicamente) familiar y bohemio. Avenida 5 de Mayo No.10, Centro