EN PORTADA: La felicidad de ser abuelos

Por la próxima celebración del Día de los Abuelos, este 28 de agosto, estuvimos con Kitzia Jiménez-O’Farrill, quien nos contó de su experiencia como abuela primeriza y de su propio abuelo, el Dr. Gustavo Baz. Nos invitó a su rancho, donde también estuvo su hija Kitzia Mitre y su nieto Pedro Checa

Kitzia Mitre, Kitzia Jiménez-O’Farrill y el pequeño Pedro Checa, nos abrieron las puertas de  su rancho. Abuela y nieto son cómplices en la pasión por los animales especialmente, por los caballos (Fotos: Héptor Arjona e Hildeliza Lozano)
Gente con clase Lizbeth Cruz/Francis Guindi 23/08/2017 19:04 Actualizada 19:16

Si bien ser abuela siempre es un regalo único, convertirse en una por primera vez es todo un descubrimiento; es experimentar de nuevo ese amor incondicional pero con la diferencia de que la responsabilidad sobre los nietos es distinta. Así nos lo transmitió Kitzia Jiménez-O’Farrill, quien hace nueve meses debutó como una feliz abuela con el nacimiento de Pedro, quien es producto del amor de pareja entre su hija Kitzia Mitre y Pedro Checa.

A lo largo de estos primeros meses de vida de su nieto, Kitzia se ha dado cuenta de que su rol no es el mismo al que tenía cuando se convirtió en mamá, sino que ahora se ha convertido en una guía para su hija y una cómplice para el pequeño Pedro. “Es delicioso no tener la responsabilidad, pero sí el conocimiento para poder ayudar a mi hija”, asegura.

Esta orgullosa abuela está fascinada de lo rápido que su nieto aprende de todo lo que percibe. Ser testigo de cómo ese pequeño ser humano ha ido adquiriendo sus primeras habilidades es, en sus propias palabras, “un sueño hecho realidad”.

 

“Es lo máximo ver a mi mamá como abuela. Está llena de magia. Peter está feliz y todo lo quiere hacer con ella”
KITZIA MITRE

 Los animales, y en especial los caballos, siempre han estado presentes en la vida de Kitzia Jiménez-O’Farrill. Ese amor lo supo transmitir a sus hijos y ahora lo hace con su nieto. “Me encantaría enseñarle el mundo tal y como lo hice con mis hijos: el respeto por la naturaleza y más que nada la compasión para todos los seres vivos”, nos cuenta. 

Como ha notado que su nieto disfruta de las visitas a su rancho, Kitzia decidió construir ahí una pequeña granja para que él pueda convivir con los animales. Incluso le compró un poni al que nombraron “Peanut”, al cual Pedro le ha tomado tanta confianza que ya puede sostenerse solo de la montura. Que tenga la seguridad de que desde ahora puede hacer lo que se proponga en la vida es algo que la abuela considera esencial para transmitirle a su nieto. 

 

Se lleva en la sangre

Pero ese amor de abuela no es improvisado, sino que viene de las enseñanzas que los propios abuelos de Kitzia le dejaron. Recuerda que era la consentida de su abuelo, Don Gustavo Baz, quien solía contarle todas sus aventuras como guerrillero. También se le vienen recuerdos de su abuela, Elena Díaz Lombardo, de quien, está segura, heredó el amor por los animales y la vocación por rescatarlos. De su abuela paterna Manuela Rivero de Azcue, Marquesa de las Amarillas, también heredó características y recuerdos. Dice que “era de la sangre directa de Moctezuma  Ilhuicamina”.

Además, entre risas recuerda que “era la más simpática e increíblemente imprudente”. 

Sin emabrgo, ahora le toca mirar para adelante a través de los ojos de su nieto, porque quiere ser con él tan buena abuela como lo fueron con ella. Además, la llegada de este pequeño rubio le hizo darse cuenta de lo madura y excelente madre que es su hija Kitzia. 

Se vio sorprendida al darse cuenta que aunque su hija es mamá primeriza, ha logrado que todo fluya en total armonía: “Es una increíble mamá. Me ha impresionado la dedicación que ha tenido. Cuando el bebé llora y yo me angustio, mi hija dice que así son los bebés. Pedro es un niño muy sensible y Kitzia no se separa ni un segundo de él; así tenga que hacer lo que sea, siempre lo lleva con ella a todos lados”. Y claro, al final resuelve que “tener hijos te da toda la sabiduría del mundo”.

 


Juntas han inventado bailes o canciones para divertir al bebé; incluso descubrieron un método para quitarle sus dolorcitos de estómago. “Lo tomábamos de la panza y empezábamos a bailar al ritmo de ‘Despacito’ o algún tema de Shakira, eso nos ayudó a sacarle los cólicos desde recién nacido hasta los tres meses de edad”, recuerda sonriente.

Para Kitzia Mitre ver a su mamá como abuela es lo máximo en la vida, porque sabe que desde siempre le han encantado los niños. Siente mucha admiración por ella porque ha sabido conservar la capacidad de sorpresa por la vida; dice que es una mujer llena de magia, que para ella todo siempre sigue siendo increíble y que cada situación puede representar la oportunidad de tener una gran aventura. Es por eso que se ha conectado tan bien con su nieto desde el principio, al grado de que ya todo lo quieren hacer juntos. “Ahora que está cada vez más grande, se divierte con todo lo que le enseña mi mamá”, asegura.

Pero Kitzia Jiménez-O’Farrill espera que la llegada del pequeño “Peter” a su familia sea apenas el comienzo de muchas alegrías, porque está convencida de que quiere tener más nietos ¡y pronto! 

 

OTROS ABUELOS INCONDICIONALES

 

Paco Rivero Lake (+) y Adela Cortina 

“Les doy las gracias a mis papás por hacer de Rodolfo un niño maravilloso, lleno de amor por todos lados, lo que le ha dado una seguridad inmensa. Gracias por estar siempre junto a mí y ayudarme en este trayecto de ser mamá” -Josefa Rivero Lake

La directora de CIAN Linens dijo que la labor que hizo su papá y la que sigue realizando su mamá, como abuelos de su hijo Rodolfo, ha sido invaluable. Ambos han llenado al pequeño de amor incondicional y lo han ayudado a ser una persona curiosa. Con su abuelo hacía carreras con aviones de papel, mientras que con su abuela platica de todo.

 

 Alfredo y Gabriela Hassey 

“A mi ‘Abue’ y ‘Güerito’, de aquí al cielo: Gracias por su maravilloso ejemplo de vida, por llenarme de amor, consejos, apoyo y dedicación, los amo con todo mi corazón y los extraño”, Paulina Madrazo

La conductora y fashionista nos relató que el tiempo que compartía con sus abuelos lo disfrutaba al máximo, pues mencionó que entre sus recuerdos más bonitos están las reuniones para comer  todos los  fines de semana en su casa, las guerras de almohadas con su abuelita brincando en la cama, la hora de  recoger ciruelas con ellos de los árboles del jardín y que eran consentidores y la apoyaban en todo momento.

 

Beatriz Mendívil de Holtz

“Ser abuela es convertirse en cómplice de tus nietos. Desde que  escuchas que te dicen, ‘abuela’, sientes un gran amor y una necesidad de estar con ellos siempre”, Beatriz Mendívil de Holtz.

La señora y su esposo, el ingeniero Ignacio Holtz, tienen seis nietos. Ella dice  que la vida les cambió cuando se enteraron de que serían abuelos por primera vez y que cada nueva noticia sobre otro nieto les llenaba de ilusiones. Ahora, pese a que son muy diferentes el uno del otro, se ven reflejados en ellos. “Cuando uno se da cuenta resulta que ya no hay bebés, todos son personas que empiezan a enseñarte mil cosas”.

 

 

"La mejor abuela del universo”

Así se refieren los nietos de Paty Patjane de Marbez, quien es su más grande cómplice

Texto: Francis Guindi

Patricia Patjane de Marbez es una mujer comprometida con la sociedad. Es vicepresidenta de la fundación Mujeres en Apoyo al Estudio del Periodismo y la Comunicación (MAEPEC), que, junto con la Fundación Ealy Ortiz, se dedica a donar becas para apoyar la educación de jóvenes de bajos recursos en nuestro país. Es una mujer muy activa socialmente. Desde siempre se ha dedicado a la labor social en favor de los más vulnerables. Pero si hay algo que disfruta más que su vocación altruista, es estar con sus amigos y con su familia, pero sobre todo, con los nietos que tanto quiere y en quienes supo germinar la semilla de las buenas personas.

Para Paty convertirse en abuela es una de las experiencias más maravillosas que la vida le ha podido regalar. La relación que tiene con sus nietos (una niña  de 11 años, y un niño, de nueve) es única. Asegura que ser abuela “es una gran aventura que le da un sabor muy dulce a mi vida diaria”, y que “no hay nada como su amor desinteresado para alimentar mi día a día”; un amor desinteresado que es totalmente recíproco por parte de Paty.

 

 “En mis nietos veo cosas olvidadas de mi infancia: los mismos gestos, valores, modales, cariño y dulzura”
PATY PATJANE DE MARBEZ


Se desvive al hablar de ellos. Dice que “a través de sus ojos puedo ver cómo corre la sangre de la familia. Me hacen recordar mi espíritu de niña. En ellos veo cosas olvidadas de mi infancia que no había revivido desde hace tiempo y que no esperaba ver: los mismos gestos, valores, modales, cariño y dulzura”. 

Paty considera que la tarea de educar a sus nietos recae en su mamá porque, como abuela, ella se concentra en darles mucho cariño, comprensión y entendimiento, siempre apoyando los límites que les pone su hija… o casi siempre. “Ahora a ella le toca  la tarea más difícil, que es la de educar y marcar límites. A mí me toca ser su abuela, su amiga y su cómplice; por eso, aquí (en su casa) pueden dejar de comer la sopa y se pueden ir a la cama un poco más tarde”, confiesa. Aunque también considera que los abuelos deben de ser los transmisores de experiencias y conocimientos.

Por eso, el hecho de que a sus nietos les guste escuchar sus aventuras la hace muy feliz: “Es bueno inculcarles nuestras tradiciones familiares para que ellos las continúen”, afirma e incluso recuerda entre risas que el niño le suele decir que es “la mejor abuela del universo”.

La relación de Paty con su hija, no puede ser mejor. La mamá de los niños asegura que “más que madre e hija, somos cómplices en todo. Mi mamá siempre me ha enseñado a ser una mujer íntegra, me ha inculcado muchos valores, a seguir mis sueños y a ser fiel a mis sentimientos. Es una gran mujer, muy completa y entregada, pero lo más importante es que ella me ha enseñado a ver el lado positivo de la vida, y que debo de disfrutar cada momento como si fuera el ultimo”. Además considera que su mamá es la mejor abuela que le pudo tocar a sus hijos, pues es entregada y comprensiva con ellos. No sólo da todo por sus nietos, sino que también se encarga de guiarlos por el camino correcto. “Ella es como una segunda madre para mis hijos y ellos así la consideran. Agradezco a Dios por la maravillosa madre que me dio”, concluye Patricia Marbez.