La historia de Hubert de Givenchy, un ícono de moda y estilo

Es el referente del diseño y miembro de la aristocracia francesa, su alianza con su musa, Audrey Hepburn, hizo que el Conde de Givenchy se convirtiera en una leyenda.

Hubert de Givenchy, un referente de la moda y el estilo. (Fotos: Reuters y EFE)   
Realeza Ana Laura Sánchez-Díaz Monge 16/02/2017 19:01 Actualizada 19:06

Hubert James Marcel Taffin de Givenchy nació un 21 de febrero de 1927, en “cuna de oro”. Sus padres fueron Lucien Taffin de Givenchy, Marqués de Givenchy, y Béatrice ("Sissi") Badin; creció en Beauvais, Oise, Francia. Los orígenes de la familia Taffin de Givenchy vienen de Venecia, Italia, (el apellido de la familia era Taffini) e ingresaron a la nobleza en 1713, fecha en que la cabeza de la familia se convirtió en el Marqués de Givenchy, título que tras la prematura muerte de su padre heredó su hermano Jean-Claude, quien posteriormente se convirtió en el presidente de Perfumes Givenchy.

 

Tras la muerte de su padre a causa de la influenza en 1930, cuando Hubert tenía tan sólo tres años, su abuelo materno de Givenchy, Jules Badin, ocupó el rol de imagen paterna, éste era el propietario y director de las históricas fábricas de gobelinos y tapetes Beauvais, por lo que la vena artística corría en la familia.

 

Su abuela Marguerite fue directora artística de las fábricas de tapices de Beauvais, el mismo lugar en el que su bisabuela también diseñó algunas piezas que después se expondrían en el Palacio del Elíseo. Con 10 años, Hubert visitó la Exposición Internacional de París y allí quedó fascinado en el pabellón de la moda.

 

Cuando regresó a casa, comenzó a dibujar los modelos de Balenciaga que aparecían en Vogue. En 1944, con 17 años de edad, se marchó a París.

 

 

Todo comienzó cuando, lleno de ilusiones, lleva hasta Casa Balenciaga sus bosquejos para mostrárselos a su ídolo, Cristóbal Balenciaga, con quien soñaba trabajar, aunque no tuvo éxito. Tras ser rechazado por el legendario modisto español, continuó su búsqueda. Finalmente inició su trayectoria con Jacques Fath y Lucien Lelong, que entonces trabajaban para Elsa Schiaparelli, una reconocida diseñadora de moda italiana cuyo trabajo era considerado atípico y excéntrico.

 

Por las mañanas, Hubert trabajaba con Fath y en las tardes estudiaba en la escuela de Bellas Artes. Luego trabajó con Robert Piguet y con Lucien Lelong (donde Dior y Balmain lanzaron sus carreras) antes de trabajar con la gran Sciaparelli.

 

En 1952 abrió su propia casa bajo su nombre. Un año después, el elegante Hubert de Givenchy conoció a la joven actriz Audrey Hepburn. Este encuentro fue decisivo en la vida del creador ya que lo anima a embarcarse en 1957 en la creación de perfumes, -como Chanel y Lanvin- y crear un primer perfume, llamado el “prohibido”, para la actriz.

 

La elegancia, la sofisticación y la fantasía, fueron las características de las colecciones de “prêt-à-porter” para Givenchy. La marca revela una identidad completa que le da un estilo único a sus modelos. Los perfumes llevan su parte una mezcla de emociones y vibraciones para la mujer y una visión distinguida, seductora y sensual para los hombres.

 

Históricamente, la imagen de Givenchy es de color y alegría. El 1954 crea el “prêt-à-porter”. Tras el lamentable fallecimiento de su mentor Jacques Fath, el empresario Jea Prouvost le propone a Givenchy crear la primera colección de “alta costura” de “prêt-à-porter” para mujeres, llamada “Givenchy Université”. Toda la colección se fabrica en París con máquinas de coser industriales importadas de Estados Unidos. Un éxito que convirtió a Hubert en referente de la moda.

 

En 1955 Givenchy por fin conoció a su ídolo, Cristóbal Balenciaga. Dijo que el diseñador español le enseñó que: “No es necesario agregar un botón al que no pertenece, o añadir una flor para hacer un vestido hermoso, es hermoso de sí mismo”.

 

 

Los diseños de Givenchy se volvieron cada vez más sencillos y sorprendentes y fueron frecuentemente usados por su “amor platónico” -cómo él lo admitía- y musa Audrey Hepburn. Él la vistió para sus interpretaciones en las películas “Funny Face”, “Desayuno en Tiffany’s”, “Cómo robar un millón y vivir felices para siempre”, y “Charade”. Pero otras mujeres también lucieron sus elegantes vestidos, como Grace Kelly y la primera dama de Estados Unidos, Jackie Kennedy.

 

En 1988 vende su marca a Bernard Arnault, propietario de LVMH, en 1995 se retira y es sustituido por el excéntrico John Galliano, sin embargo, es frecuente ver a Hubert por las calles de París o participar en eventos de moda. Además continúa su actividad como presidente de la Fundación Cristóbal Balenciaga.