Con el fallecimiento de Harald V de Noruega no solo se termina un reinado de 35 años de historia, también representa un doloroso momento para una de las historias de amor más especiales dentro de las monarquías.
A los 89 años y tras varias complicaciones de salud, Harald falleció este viernes 28 de agosto en el Hospital Nacional de Oslo, tan solo un día antes de celebrar su aniversario de bodas número 58 con la reina consorte Sonia.
Hay historias de amor que parecen salidas de un cuento de hadas contemporáneo, pero la de los reyes Harald V y Sonia de Noruega superó cualquier guión. En 1951, los adolescentes Harald y Sonia coincidieron por primera vez en un campamento de verano.
En aquel momento, ninguno de los dos imaginaba las turbulencias románticas que desencadenaría ese primer encuentro.
Años más tarde, al ser el primer miembro de la familia real en asistir a una escuela pública, el príncipe entabló amistad con Johan Stenersen.
Fue él quien, en 1959, invitó a Harald a una reunión, donde el destino volvió a cruzar su camino con el de Sonia. Entre conversaciones animadas, risas discretas y un significativo apretón de manos, ambos supieron que no querrían estar con nadie más por el resto de sus vidas.
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Sin embargo, Sonia Haraldsen era una joven estudiante de moda, hija de un comerciante y de una mujer sin una sola gota de sangre azul. Para la rígida etiqueta de la realeza, una unión así era inaceptable.
La oposición no se hizo esperar por parte del rey Olaf V, padre de Harald, quien tomó medidas extremas para intentar terminar el noviazgo.
Envió a su hijo a estudiar a la Universidad de Oxford mientras Sonia completaba su formación en Suiza, apostando a que la distancia haría el trabajo. Pero la lejanía solo sirvió para afianzar el compromiso entre ambos.
Al regreso del príncipe se organizaron múltiples encuentros con princesas para buscarle una prometida "adecuada", pero el príncipe las rechazó a todas.
La enorme presión mediática y el sufrimiento de mantener su amor en la sombra transformaron el carácter del heredero, al punto de ganarse en los medios el apodo de "el príncipe melancolía".
Cansado del rechazo, Harald jugó una arriesgada estrategia. Enfrentó a su padre con un ultimátum histórico: si no se le permitía casarse con Sonia, se mantendría soltero por el resto de su vida y no le daría ni un solo heredero al trono.
La declaración hizo temblar las bases del Estado. En esa época, la ley sólo permitía a los varones heredar el trono, por lo que las hermanas de Harald no podían sucederle; la negativa del príncipe significaba el fin directo de la dinastía.
Ante la inminente crisis; el rey Olaf V no tuvo más remedio que ceder y consultar al Parlamento para autorizar la boda.
Finalmente, el 29 de agosto de 1968, ese mismo año, el país entero presenció la gran boda real.
Sonia deslumbró al caminar hacia el altar luciendo un elegante vestido que ella misma había diseñado, acompañada por el propio rey Olaf, quien asumió el papel de padrino tras el fallecimiento del padre de la novia años atrás.
El 21 de enero de 1991, la pareja ascendió al trono como reyes de Noruega. Consolidando una de las historias de amor más valientes, queridas y duraderas de la historia moderna.
Juntos formaron una sólida familia con dos hijos: la princesa Marta Luisa y el príncipe Haakon, quien ahora se convierte en el nuevo rey de Noruega.
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