Andrés Mountbatten-Windsor: La crónica de un príncipe caído

Como en una partida de ajedrez, Andrés Mountbatten-Windsor ha llegado a la jugada decisiva: enfrentar a la justicia, aunque no por las razones que muchos anticipaban. Como un caballo que sortea obstáculos, el ex príncipe alcanza la casilla donde debe rendir cuentas, en un episodio inédito para la monarquía británica

El expríncipe Andrés / Foto: Archivo
Staff Suplementos
27/02/2026 11:54

Eran las 8 de la mañana del 19 de febrero de 2026, día en que Andrés Mountbatten-Windsor cumplía 66 años. El hermano del rey Carlos III difícilmente planeaba celebraciones; su intención era pasar la fecha con discreción, intentando dejar atrás la estrepitosa caída que lo apartó de la vida pública tras su escandalosa amistad con Jeffrey Epstein.

Tampoco esperaba visitas. Su exesposa, Sarah Ferguson, se había trasladado a los Emiratos Árabes Unidos en una suerte de autoexilio.

Sus hijas, las princesas Eugenia y Beatriz, distanciadas y profundamente decepcionadas, no tenían previsto acompañarlo. Eugenia se encontraba en la estación de esquí de Gstaad, en Suiza, junto a su esposo e hijos; Beatriz, según trascendía, permanecía en Londres.

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Eugenia de York, Andrés Mountbatten-Windsor y Beatriz de York / Foto: Archivo

Por eso, cuando varios vehículos irrumpieron en la propiedad —un convoy integrado por unidades de seguridad real y patrullas policiales—, Andrés probablemente pensó en cualquier cosa menos en lo que estaba por suceder. No era una sorpresa familiar. Era una orden de arresto.

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El hecho posee un enorme peso político e histórico. Político, porque coloca a un miembro de la realeza al mismo nivel que cualquier ciudadano ante la ley. Histórico, porque no existen precedentes contemporáneos de la detención formal de un príncipe de sangre azul.

Andrés Mountbatten-Windsor y el rey Carlos III / Foto: Getty Images

Que el arresto ocurriera el día de su cumpleaños envía, además, un mensaje simbólico: no importa la fecha, el rango ni el linaje; la justicia, tarde o temprano, llama a la puerta.

Actualmente, Andrés es investigado por presunta mala conducta en el ejercicio de su cargo como enviado económico del Reino Unido, función que le fue encomendada durante el reinado de Isabel II dentro del departamento de Comercio Internacional. Su labor consistía en fortalecer lazos con inversionistas extranjeros y promover oportunidades para el país.

La acusación se centra en la filtración de dos informes confidenciales enviados a Jeffrey Epstein en noviembre y diciembre de 2010.

Andrés Mountbatten-Windsor con Jeffrey Epstein / Foto: Archivo

Según la investigación, apenas minutos después de recibirlos, Andrés los habría reenviado pese a su carácter clasificado. Uno abordaba oportunidades de inversión en Hong Kong, Vietnam y Singapur; el otro recomendaba proyectos vinculados con la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán.

Las autoridades británicas habrían tenido conocimiento de estos hechos tras la reciente desclasificación de documentos del caso Epstein por parte del gobierno estadounidense, lo que detonó la apertura de una indagatoria formal.

Andrés Mountbatten-Windsor / Foto: Getty Images

Andrés permaneció bajo custodia durante más de once horas antes de quedar en libertad bajo fianza, a la espera de que avance el proceso. De confirmarse la gravedad de los cargos, las consecuencias penales podrían ser severas con una pena hasta alcanzar cadena perpetua.

Pero más allá de esta investigación, persiste la sombra del escándalo que marcó su caída.

Andrés Mountbatten-Windsor y el rey Carlos III de Reino Unido / Foto: AFP

¿Y los delitos de abuso a menores?

Los vínculos de Andrés con Epstein se hicieron públicos en marzo de 2011, cuando Virginia Giuffre concedió una entrevista al Mail on Sunday en la que lo acusó de haber abusado de ella cuando era menor de edad. Junto a su testimonio presentó la ya célebre fotografía en la que aparece el hijo de Isabel II tomándola de la cintura.

Desde entonces, las revelaciones han sido constantes: imágenes, testimonios, correos electrónicos y declaraciones que alimentaron uno de los mayores escándalos de la realeza contemporánea.

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Sin embargo, nunca se abrió un juicio penal contra él por esos señalamientos. El litigio civil en Estados Unidos concluyó con un acuerdo económico millonario en 2022, sin admisión de culpabilidad.

Quizá otras víctimas no se han animado a denunciarlo debido al misterioso suicidio de Virginia en 2025. Esta tragedia quizá haga pensar a las demás sobrevivientes que al denuncia correrán la misma suerte de Virginia.

Esa es la paradoja que hoy persiste: abundan las preguntas, pero escasean las sentencias.

La caída de Andrés no es únicamente la historia de un hombre que perdió privilegios. Es el retrato de una institución enfrentando el desafío más delicado de su legitimidad: demostrar que la Corona no está por encima de la ley.

Porque cuando un príncipe cruza la puerta de una comisaría, no solo se redefine su destino personal. Se redefine, también, el significado mismo del poder.

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