Hay proyectos que llegan cuando uno está listo para recibirlos y en una industria donde el éxito suele medirse por la inmediatez, Ana Serradilla ha encontrado en el tiempo a su mejor aliado.
La experiencia, nos dice, le permitió llegar al personaje que soñó durante años y también la impulsó a comenzar una nueva carrera universitaria. Con el estreno de la obra El método Grönholm como punto de partida, la actriz reflexiona con CLASE sobre la evolución de la industria, el impacto de la inteligencia artificial, la importancia de hablar de salud femenina y el valor de resistir.
La obra 'El método Grönholm' llega en un momento muy especial de tu carrera. ¿Qué significa para ti este proyecto?
Ana: "Mi historia con esta obra comenzó hace 20 años. La vi en España y después en distintas puestas en México. Es, probablemente, una de las obras que más veces he visto porque siempre me pareció fascinante. Tiene un texto que puedes analizar, personajes llenos de matices y un nivel de complejidad que siempre admiré".
La historia gira alrededor de un proceso de selección laboral donde los personajes llevan sus límites al extremo. ¿Qué fue lo más interesante de construir esa dinámica?
Ana: "Compartir escenario con actores que admiro profundamente ha sido un regalo. Rodrigo Nava creó un ambiente de trabajo muy generoso y eso se siente desde los ensayos. A veces me sorprendía viendo a mis compañeros como espectadora, completamente atrapada por sus escenas, hasta que recordaba que también me tocaba entrar. Además, es una obra con un humor muy inteligente, muy filoso. Habrá personas que se rían muchísimo y otras que se sientan incómodas. Eso también forma parte del juego".
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En una época dominada por las pantallas y la inmediatez de las redes sociales, Ana defiende el valor del teatro no solo como expresión artística, sino como un ritual de desconexión necesaria y salud mental.
¿Qué encuentras en el teatro que ningún otro formato puede darte?
Ana: "Vivimos una época en la que todo ocurre desde una pantalla: las redes sociales, las plataformas. Incluso hemos dejado de sentarnos dos horas a disfrutar una película en el cine. Por eso creo que el teatro tiene hoy un valor enorme.
Estar frente a una persona de carne y hueso es algo que necesitamos como seres humanos. Con toda la inteligencia artificial que está llegando, probablemente algún día prestemos nuestra voz o nuestra imagen y alguien genere un personaje sin que estemos presentes. No me parece una idea tan lejana. Por eso el teatro cobra todavía más sentido".
Si algo caracteriza a la actriz es su constante búsqueda de crecimiento. Lejos de quedarse en su zona de confort, tras la pandemia decidió dar un paso valiente: inscribirse en la universidad para estudiar la carrera que siempre quiso.
En medio de tantos proyectos decidiste empezar una carrera universitaria. ¿Por qué Psicología?
Ana: "Porque siempre fue la carrera que quise estudiar. Cuando era joven mi papá no me dejó; terminé estudiando Diseño Gráfico y, de alguna manera, eso me llevó a descubrir la actuación.
Así que al final también tengo que agradecerle. Pero durante toda mi carrera seguí interesándome por la psicología. Tomaba talleres, leía, investigaba... Hasta que después de la pandemia pensé el famoso "¿Y si sí?" que se hizo famoso durante el Mundial.
Llevo ya un año y medio estudiando y ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. Me ha obligado a volver a desarrollar disciplina, a escribir, a leer muchísimo, a enfrentarme a la tecnología y hasta a aprender a utilizar la inteligencia artificial de forma responsable. Siento que estudiar vuelve a oxigenar el cerebro. Es una nueva etapa en mi vida".
Siempre has sido muy transparente con ciertos temas personales. ¿Cómo decides qué compartir y qué mantener en privado?
Ana: Si hablar de algo puede ayudar a otras personas, lo hago con muchísimo gusto. Después de todo lo que viví con la endometriosis, entendí la importancia de compartir mi experiencia porque todavía hay muchísimas mujeres que no saben identificar la enfermedad.
Si mi historia puede servir para que alguien llegue antes a un diagnóstico o se sienta acompañada, entonces vale completamente la pena. Pero compartir por compartir o alimentar el chisme nunca me ha interesado. Mi vida privada la cuido muchísimo porque creo que hay cosas que simplemente pertenecen a tu familia y a tu intimidad".
Mirando en retrospectiva una trayectoria impecable construida a base de trabajo constante, la actriz resume su filosofía de vida en una sola palabra, por lo que si hoy pudiera volver el tiempo atrás y hablar con la joven Ana que iniciaba su carrera, su mensaje sería tan directo como entrañable:
Ana: "Gracias por resistir".
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