Pascal Nadaud: “El deporte es lo que me ha sacado adelante en la vida”

Aunque tiene porte de modelo, este franco-mexicano encontró su vocación en las canchas de rugby; ahí aprendió las reglas que rigen su estilo de vida y descubrió una manera diferente de liderazgo.

Pascal jugó soccer, basquetbol, voleibol y beisbol; pero en el rugby encontró su pasión. (FOTO: Corina Herrera)
Pascal jugó soccer, basquetbol, voleibol y beisbol; pero en el rugby encontró su pasión. (FOTO: Corina Herrera)
Gente con clase TEXTO: Beatriz Velasco / FOTOS: Corina Herrera 29/01/2016 12:01 Actualizada 13:01

Con firmeza combate en la cancha, pero fuera de ella, Pascal Nadaud, de 25 años, es un joven comprometido que ha encontrado en sus equipos una extensión de su familia; en las canchas, su campo de desarrollo y en las reglas del juego, un patrón de vida íntegro.

“Si hace 16 años hubiera pensado que ésta esta la vida que iba a  vivir, no lo creería. No estaría nada cerca de pensar que esto es lo que pudiera estar haciendo”, confiesa el deportista. 

De sonrisa franca, brillante mirada y emotivas confesiones, Pascal relata que comenzó a familiarizarse con el deporte de contacto desde que muy temprana edad: “Mi mamá es mexicana y mi papá es francés. Los dos son hoteleros. Se conocieron en Ixtapa o algo así. Vivimos mucho tiempo en Francia. Yo, desde que nací hasta como los seis años. Allá, el rugby es tan importante como el fútbol aquí”.

A mediados de los 90, Pascal arribó al país: “Llegué sin hablar español. Decían que, al principio, yo no hablaba y que mi hermana era mi traductora”. Fue una época difícil. Sus padres se separaron. Así, Pascal, su hermana y su mamá se instalaron en Manzanillo; posteriormente, la familia se mudó a la Ciudad de México.

Durante ese proceso, Pascal mantuvo una actividad física constante: “El deporte siempre me ha ayudado a olvidarme de mis problemas”, acota. De ahí su paso por diferentes disciplinas: “Primero jugué soccer. Ya en la capital, jugué basquetbol, voleibol y beisbol, fue ahí cuando un primo mío, que es mayor que yo, que practicaba rugby con sus compañeros de la escuela, me invitó a que me les uniera. Yo no creía que el nivel de México fuera bueno. Fui una vez a entrenar con ellos, en ese entonces los estaban capacitando unos ingleses. Recuerdo que me dieron una arrastrada que no me quería levantar al día siguiente, de lo mal que me sentía. No regresé al rugby hasta seis meses después, porque me insistieron que volviera”, relata.

Al ser un deporte de contacto, las lesiones físicas son algo frecuente y evidente: “El tema no era tanto con los compañeros, sino con los maestros. Recuerdo que una vez llegué con un clavo que me atravesaba el dedo completamente, fue un disloque expuesto. Todo era un problemón, comer, vestirme, bañarme”, comenta.

El capitán de la selección nacional de Rugby, fuera de la cancha, disfruta compartir “su” deporte, sus dinámicas y sus valores. “No me gusta enseñar a jugar. A lo que me dedicaba más en forma era dar a conocer mi deporte en instituciones públicas. Yo iba, daba un plática e introducía a los alumnos al rugby. Yo se los daba a conocer, les explicaba cómo se jugaba y les enseñaba algunas jugadas. Eso es más divertido para mí. A mí me gusta hablar de mi deporte, de qué se trata y qué me ha dado”.

Ciertamente, Pascal tiene mucho que agradecerle al rugby de manera personal y profesional: “Te puedo decir que si voy a Francia, a Nueva Zelanda, a China, a Canadá o a Japón, sé que tengo amigos con los que me puedo quedar por haberlos conocido por haber jugado contra ellos”, sostiene con seguridad este estupendo deportista.

Sobre la inusual transformación de rivales en amigos, Pascal  explica: “Nosotros manejamos tres tiempos. Los dos primeros suceden en el campo y el tercero es la convivencia.  Es decir, el equipo anfitrión agradece la visita del oponente, pues sin ellos, no se hubiera podido realizar el juego. Esto es como una regla del juego a nivel mundial”.

Además de conocer amistades de diferentes nacionalidades, el rugby le ha permitido descubrir cualidades en su propia persona. “Para el segundo equipo juvenil en el que participé me dijeron: ‘Vas a ser capitán’, y me negué”. Argumenta que tomó esa decisión porque no se sentía capaz de dirigir a un grupo de jóvenes y si aceptó fue “más de fuerza que de manera voluntaria”.

Dicha función de liderazgo ha sido asumida en diferentes ocasiones dentro de su trayectoria deportiva, aunque a Pascal le ha costado trabajo reconocer su habilidad para desempeñar el puesto: “Cuando estaba en la liga de 15’s, mi entrenador me dijo: ‘¿Quieres ser el capitán?’ Y yo respondí: ‘No me siento capaz’. Porque había gente que era mucho mayor que yo. Recuerdo que estábamos en Brasil y tuvimos una platica con todo el equipo. Me paré y les dije: ‘No me siento capaz de ser su capitán’. Se paró un jugador de Monterrey y me dijo: ‘Un capitán no es precisamente quien habla más bonito o motiva más en el partido, sino que es una persona que con el ejemplo hace que los demás deseen ser como él’. Me explicó que yo era un líder por la forma en la que jugaba, y que soy una persona invencible, no porque no me he caído, sino porque me he levantado”, recuerda el jugador, quien tiene tatuada la palabra “invencible” en el brazo.

Ahora, Pascal está enfocado en lograr que la selección clasifique para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016: “Hago las cosas que más me gustan en la vida. Si te gusta lo que haces, no le vas a ver ningún pero para seguir haciéndolo. Practico rugby, trabajo con niños (da clases en el Liceo Francés) y soy modelo”.

Claramente, las lecciones dentro del campo, se reflejan fuera de él: “Este deporte me ha enseñado a luchar, a no rendirme y luchar por lo que quiero. Siempre habrá alguien más rápido o más fuerte, no eres el más canijo en lo que haces, siempre tienes que trabajar más. Soy una persona luchona en esta vida”, concluye el  deportista, quien desea continuar sus estudios en marketing en la Universidad Anáhuac.