Julie Sutton, un mundo de sabores y combinaciones

Esta creativa nos comparte su pasión por los sabores y el resultado de combinarlos. De la mano de su hermana Alice, creó el concepto Junk Bar y desde entonces están presentes en los más exclusivos eventos de la socialité mexicana.

Gente con clase TEXTO: Francis Guindi / FOTOS: Verónica Garduño y Cortesía Junk Bar 08/04/2016 16:55 Actualizada 13:01

Hace diez años, en los preparativos para la fiesta de 13 años de su sobrino y  cansada de ver en cada evento al que asistía el mismo tipo de postres y bocadillos, Julie le pidió permiso a su hermana para hacer algo novedoso y único. Alice no lo dudó ni un minuto, pues sabía que a su hermana le encanta mezclar sabores, sobre todo con las botanas.

Empezaron con una mesa de dulces y postres distintos. El primer concepto era una barra, detrás de ella solo había jóvenes que lo preparaban todo, por eso la llamaron Junk Bar. Incluyeron dulces mexicanos, botanas tradicionales y chiles de todo tipo, como parte importante de nuestra cultura. La mesa les quedó tan bien que los invitados les pedían hacer lo mismo  en sus propios eventos. En ese entonces Julie tenía a sus hijas pequeñas, no pensaba iniciar un negocio; aún así, toma la responsabilidad y funda Junk Bar

Ahora están bien consolidadas como empresa: cuentan con una patente en México y se dedican a consentir a los clientes más exigentes e importantes del país, como Carlos Slim, Jacqueline Bracamontes, Inés Gómez Mont, Marisol González y la familia Azcárraga, por mencionar algunos.

Junk Bar ofrece innumerables opciones: desde las más sencillas, con eventos de menos de 40 personas, hasta las más sofisticadas, en donde participan miles de invitados. Con la creatividad que la caracteriza, a partir del tema o idea que tenga el cliente, Julie crea un proyecto único, con recetas y productos propios, para que los invitados vivan una experiencia irrepetible. 

La mancuerna perfecta

Julie nos cuenta que nada sería posible sin su hermana Alice, la cara oculta del concepto, pero que al final es la big boss, ya que maneja la parte administrativa, mientras que Julie se encarga de la parte creativa. Tienen personalidades completamente opuestas, pero en esta empresa se complementan a la perfección. 

Este negocio, sin duda,  es parte de su esencia. Cuando eran chicas, todas sus amigas querían comer de su lunch, ya que siempre eran los más originales. Además, para sus amigas pasar la tarde en su casa era súper divertido, ya que no faltaban las verduras, las botanas y las mezclas más extraordinarias de comida.

Al principio, comentan que  empezaron con vasitos, en donde se podían mezclar los ingredientes y obtener distintas combinaciones. Pero al ver que se limitaban las posibilidades de los productos, empezaron con las charolas, los frascos, los carritos, etcétera. Es decir, un sinfín de nuevos sabores. “Cuando te gusta y te apasiona lo que haces, la creatividad no se detiene. Vives y te adaptas, el proyecto va creciendo y lo sentimos casi como un hijo”, nos comentan. 

En la actualidad, sus productos más importantes son las palomitas gourmet, con una amplia gama de sabores. También  están de moda los pasteles gigantes y las donas wafleadas, a las que se les pueden poner cosas dulces y nueces. Pero si el cliente tiene una idea en específico, ellas pueden fabricarlo especialmente para la ocasión. 

El proceso de creación

Algo que las hace sentir muy orgullosas es que no han necesitado publicidad impresa o digital. Junk Bar no tiene página de internet, los productos no llevan ni su nombre ni su teléfono: su única publicidad es la recomendación de boca en boca, por lo que la demanda cada vez es mayor y se fortalece el negocio.

Para conocer los gustos de sus clientes, Julie está en contacto con ellos, juega un poco el papel de psicóloga, para ayudarles a saber qué es lo que quieren y de esa manera hacer algo único y especial. Cada uno de los montajes tiene un nombre, al igual que los productos. Todo tiene un momento de creación y eso les ayuda a tomar decisiones. Una vez que tiene esto, lo van adaptando a las  circunstancias.

A Julie la inspiración le llega de mucha gente, pero para ella lo importante es tener la capacidad de transformar lo que ve: “Vivo con el ojo muy abierto, un cierto tipo de sexto sentido. Cuando viajo, retomo algunos conceptos para adaptarlos a nuestra cultura. Es una mezcla entre esta parte de crear e inventar y ver la forma en que se va actualizando el mundo día a día para ofrecer algo nuevo. Además, conforme pasa el tiempo vas adquiriendo madurez y experiencia”, nos comenta.

Hacia el futuro

Al cumplir 40 años, Julie hizo una revisión de su vida y notó que necesitaba un espacio para ella misma. En eso el ejercicio ha sido de gran ayuda. Confiesa que se ha vuelto más selectiva en los eventos que organiza, ya que en un tiempo tenía tanto trabajo que se le  empezaba a salir de las manos. Por eso tuvo que encontrar el balance adecuado entre el trabajo y el hogar, con su esposo y sus cuatro hijas: “Mi esposo me impulsó para que hiciera todo esto, está muy orgulloso de lo que hemos logrado y tengo todo su apoyo”. Ahora se organiza de tal manera que, aunque en las mañanas tiene mucho trabajo, el resto del día lo puede dedicar por entero a su familia.

Además, Julie se ha tenido que enfrentar a distintas situaciones: “A fin de cuentas, tanto el camino y sus obstáculos, como el futuro, me pertenecen. Veo lo que hago, volteo a ver de dónde vengo y así decido hacia dónde voy”.