Génesis

La cena navideña nació en la Edad Media y se enriqueció enormemente con las cruzadas.

El soberano de la mesa navideña: el pavo, es de origen azteca.
El soberano de la mesa navideña: el pavo, es de origen azteca. Foto: Archivo
Foodie con Clase 23/12/2015 20:50 Actualizada 17:59

Por primera vez en la historia un emperador se declaraba cristiano. Constantino I bautizó las prácticas paganas al catolicismo, bajo nombres diferentes. La Navidad y las Saturnalias coincidieron, con el fin de borrar de la mente romana las fiestas paganas de solsticio y las cosechas. Independientemente de la celebración, Constantino gozaba de codornices con almendras cada Noche Buena… aunque no es éste el lugar para hacer una investigación sobre su fe, aplazó su bautismo hasta poco antes de su muerte.

La cena navideña nace en el periodo oscurantista de la Edad Media. Se enriqueció enormemente con las cruzadas… la "globalización feudal”. La comida decembrina dependió de las sociedades del Medioevo. Generalmente se trataba de cenas o banquetes que duraban varios días. Para los cristianos ingleses y escoceses la Navidad perduraba 12 días, concluyendo con el día de Reyes. Las sociedades del Medioevo comían gallinas o gansos. Los campesinos terratenientes tenían la obligación de regalarles a sus siervos pan, queso, sopa aguada y platos con carne.

Uno de los platos predilectos del campesino era el budín navideño hecho con abundante miel, pasas, almendras y nueces. En aldeas cercanas al mar se comían anguilas, salmón, camarones y langostas guisados en abundantes salsas especiadas… para que alcanzara. El venado, el conejo, las terneras, los cerdos y jabalíes eran muy codiciados, los servían enteros al pastor o con salsa de manzana verde. El exquisito Enrique VIII cazaba y aderezaba varios jabalíes para sus banquetes navideños. Alababa su talento culinario y lo comparaba con su pasión sexual. 

El soberano de la mesa navideña: el pavo, es de origen azteca. El guajolote conquistó el paladar español y se hizo popular por toda Europa. Fue manjar de dioses, generalmente acompañado con mole poblano… una salsa pecaminosamente divina. 

Con los mejores vinos, quesos y perfumes del mundo, los franceses consienten la dulzura palatina con el Bûche de Noël. El tronco navideño, bañado con crema y relleno de confitura, es una tentación que simula las leñas que calientan el hogar donde se celebra el nacimiento del hijo de Dios. Las galletas y bizcochos hechos con jengibre son los postres predilectos de los niños de Inglaterra y Alemania. Se dice que La Reina Virgen, Elizabeth I, regalaba a sus invitados galletas que los imitaban, retratos comestibles adornados con azúcar de colores y nueces oculares. Sin embargo, los alemanes aseguran que los muñecos y casitas de jengibre son una creación del Rey de Prusia Federico II “El Grande”, ya que el monarca fue un excelso repostero.

Independientemente de la decisión gastronómica de los comensales alrededor del mundo, la importancia de la Navidad radica en la convivencia que refuerza la unión familiar. El afecto, las penas, la alegría, el pasado, el presente, el futuro. Una fiesta religiosa que une al hombre con Dios. Un banquete que invita a la reflexión, a la serenidad del alma, al perdón. Una terapia gastronómica que estimula al amor.