Eugenia Martínez de Irujo: “He vuelto a sonreír”

A un año de la muerte de su madre, la Duquesa de Alba, su sexta y única hija mujer, se sinceró en entrevista con CLASE, durante un viaje relámpago por la Ciudad de México. La Duquesa de Montoro combina su rol de madre, su quehacer como diseñadora de Tous y sus diversas actividades altruistas.

Es diseñadora, filántropa, mamá y odia que la llamen duquesa.  (FOTO: Corina Herrera)
Es diseñadora, filántropa, mamá y odia que la llamen duquesa. (FOTO: Corina Herrera)
Gente con clase TEXTO: Beatriz Velasco / FOTOS: Corina Herrera y Getty Images 02/12/2015 16:42 Actualizada 13:00

Trae gafas oscuras grandes, su melena rubia está cuidadosamente alborotada, porta un vestido oscuro (que resalta su  esbelta silueta) y delicadas piezas de joyería que llaman la atención porque son dispares entre sí, ni los aretes, ni las gargantillas hacen juego. Incluso nos dice “traigo joyas hasta en el tobillo”, mostrando una coqueta cadenita. Eugenia Martínez de Irujo llega acompañada de una pequeña comitiva a la entrevista, se ubica en una mesa en la terraza y, comienza a conversar con calidez y calma. 

Nos advirtieron:  la aristócrata española es transparente en sus emociones, rápida en sus reacciones, tímida en su conversación, no desea hacer ningún comentario sobre su vida personal ni declaración alguna sobre su madre, Cayetana Fitz-James Stuart (quien falleció el 20 de noviembre del año pasado, a los 88 años). 

Lo cierto es que María Eugenia Brianda Timotea Cecilia Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, su nombre completo, la única descendiente mujer de la Duquesa de Alba, nació el 26 de noviembre de hace 46 años y al igual que su madre, ha desafiado con audacia los convencionalismos. Sus alegrías y tristezas han sido documentadas por la prensa española y replicadas en el mundo entero. 

Eugenia participa en la Fundación Pequeño Deseo, que hace realidad las ilusiones de niños con enfermedades crónicas, desde hace nueve años y también labora como diseñadora de la marca Tous, desde hace 20 años. La presentación en México de la colección “Casualidad”, su onceava colaboración para la firma joyera, trajo a la aristócrata quien nos permitió tener una charla, en la que hilvanó varias perlas... de anécdotas y vivencias personales.

Tu contacto con el arte debió darte un bagaje enorme ¿cómo explotas esa riqueza para diseñar?

Supongo que eso va en la sensibilidad de cada persona. Es verdad, soy una persona profundamente sensible. Me apasiona el arte y venir de una familia con tanta historia y arte... Mi madre nos lo ha inculcado mucho, porque le apasionaba.

 

Tu apellido, en algún momento, ¿te ha pesado?

Hay veces que me ha pesado pero no quiero decir que no me sienta orgullosa de mi familia, lo estoy porque finalmente es historia pura. Pero es verdad que me ha pesado un poco por mi carácter; soy tímida, me gusta llevar una vida normal. De pequeña,mi madre me recogía del colegio y si íbamos a un súper, la reconocían y no  me gustaba que me miraran a mí. 

 

Ahora que estás en México, ¿aprovechas la oportunidad de pasar desapercibida?

En el extranjero me siento muy bien, porque no siento ese acoso, no soy tan reconocida. Me siento más libre en cierto sentido. En España también, porque la gente que se ha acercado a mí siempre ha sido por cariño hacia mi madre. Siempre han sido muy amables y educados. A mi madre, es verdad, la quería todo el mundo. Tenía esa virtud. Ella era muy de verdad. Atraía a gente de todas las edades. Y ese cariño que me muestran, siempre me gusta.

 

¿Cómo es un día a día en la vida de la Duquesa de Montoro?

¡Muero cuando me llaman Duquesa! Miro para atrás, porque nadie me llama así ¡No me gusta! —Eugenia hace una pausa, respira profundo y se reacomoda en la silla, es evidente su malestar, pero se relaja y continúa —; jamás he utilizado el título nobiliario (ducado que su madre le cedió en 1994)... Mi día a día sucede en Madrid con la Fundación Pequeño Deseo, en la que cumplimos deseos de niños enfermos para darles apoyo anímico, hay deseos de todo tipo. Hay muchos que no cuestan nada, como un niño que quiera ser policía o bombero por un día o ir a un concierto, pero hay otros que son costosos, como los viajes. Los médicos nos guían hacia aquellos que están más bajitos de moral y necesitan un “shoot” de energía y positivismo. Siempre que estás con un estado anímico alto, afrontas mejor los tratamientos.

Diseñadora, filántropa, mamá, ¿cómo te organizas para combinar todos estos roles?

Yo tengo un horario que compagina perfecto con Tous, mi agenda para con ellos es lo primero pero, me permite mucho tiempo libre a lo largo del día. Mi horario en la fundación es por las mañanas, por lo que puedo estar en las tardes con mi hija. Ahora en noviembre cumplo nueve años y me llena muchísimo. Con los deseos, quieras que no, rompes esa monotonía tan horrible que les ha tocado vivir, de tratamientos tan fuertes y largos y es que hay veces que (estos niños) pasan años en hospitales. A lo mejor esa ilusión, que es lo que realmente regalamos, perdura en el tiempo.

 

En esta faceta, ¿involucras a tu hija?

Siempre que puedo y en fin de semana, la llevo a ver deseos. Siempre que la necesito es la primera en participar, le encanta. Creo que es importante involucrarla, que crezca con estos valores. Que sepa la suerte que tiene, porque la salud es importante y cuando te falla, no eres nada. 

 

¿Qué pasa tras cumplir los deseos de estos niños?

En la fundación no llevamos un seguimiento, porque sería muy duro. Se cumple y ya, si la familia no se pone en contacto con nosotros, nosotros realizamos el sueño de otro niño. Al principio, me involucré demasiado con un niño y la pasé mal, porque él falleció. Recuerdo que mejoró en un momento dado, se hizo el deseo y ese mismo día, de madrugada, el pequeño se fue. Eso me dolió mucho.

 

Estás acostumbrada a cumplir deseos pero ¿para ti es difícil pedir favores?

Para mí, es difícil. Si es un favor personal, soy fatal. No lo suelo hacer, porque no me gusta; pero si es para una causa como ésta, pues no me importa. En todo el tiempo que llevo me sorprende para bien que todo el mundo, a la hora de poner un granito de arena, se vuelca completamente. Lo hace de corazón y aporta. A la hora de pedir un favor para la fundación, la gente ha respondido de manera generosa.

 

Tras tantas facetas que has experimentado, ¿cómo te defines?

Con una vida muy normal. Me encanta rodearme de mi hija, mi familia, mis amigos de siempre, porque sigo teniendo a mis amigos de cuando tenía 11 y 12 años y esa es la gente con la que me encanta estar. No soy muy de fiestas, no soy de esa vida tan ficticia. Está bien, de vez en cuando, pero eso no es mi día a día. Mi vida cotidiana transcurre con la gente que quiero y mis perros. Me encantan los animales. Tengo tres y todos son criollos, los he recogido en refugios. Me encantan porque son de lo más listos y agradecidos. Ahora voy a recoger otro más. Para mí son como de la familia. Aprecio su fidelidad, lealtad y cariño. Cada vez que viajo, estoy pensando en mis perros y deseando regresar para verlos. 

¿Les has diseñado collares?

Yo creo que Rosa no me los aceptaría, pero se los voy a proponer (ríe relajadamente). 

 

Cuál ha sido tu proceso creativo en la colaboración con Tous?

Empecé haciendo camisetas a las que les estampaba un dibujo y de este sacaba un detalle  para hacer el diseño de una joya (estampaba en algún metal el diseño). Cuando dejé de hacer las camisetas, lo que hice fue primero dibujar el boceto, luego ir a la (sede) central de Tous y buscar los materiales, piedras y metales que quiero. Reviso la mezcla con el cordón o cueros de colores. Entonces, hago el proceso de las muestras y una vez que ya está toda la selección,  la dejo lista para su producción masiva. La evolución de la joyería es uno de sus sellos distintivos.

 

¿Influye tu estado en el proceso de crear?

A mí me afecta muchísimo. Yo soy muy transparente para eso. Se me ve en la cara, si estoy bien, si estoy contenta o mal, triste o enojada todo se me nota. Eso, a la hora de crear, es importante.

 

¿Cómo defines el buen gusto?

Es la sencillez; las líneas simples. Puedes tener muy buen gusto, sin tener mucho dinero. No hace falta comprar en lujosas y marcas, para tener buen gusto. Es difícil definirlo. 

 

¿Viene una colección tuya inspirada en tu madre?

Esa todavía no se ha presentado. Es la de febrero —y pregunta— ¿Quieres un adelanto? Bueno, está la media luna muy presente, que es algo muy mío, porque  empecé pintando medias lunas, es como mi sello personal. Ahora que como era el primer aniversario luctuoso de mi madre, pues la hice en ese proceso que tuve y que fue duro, en el que la pasé mal, porque pensé mucho en ella.

 

Ha pasado un año, noviembre es un mes fuerte, porque también cumples años...

Mi cumpleaños es una semana después de la fecha de su muerte. Y ahora, tras esa racha tan horrible, me encuentro muy bien, otra vez, contenta, alegre y tranquila. Mi madre siempre está presente, porque yo creo que siempre va a estar ahí, de alguna manera u otra. Ahora he vuelto a sonreír y tengo otras cosas muy buenas en la vida. Es normal que cuando se va una madre es duro para cualquier persona.

 

Al fin sonríes...

Sí, me encanta el sentido del humor. Me encanta la gente alegre. Es importante rodearme de gente con un sentido irónico e inteligente. Igualmente disfruto un fin de semana en el campo con un buen vino, mis amigos y mis animales, ¡que también tengo dos cerdos! Pero eso es otro capítulo, ya te lo contaré y se despide. La entrevista concluye y la interrogante sobre sus peculiares mascotas queda en el aire. Si bien es una mujer  muy transparente, en sus emociones mientras conversa, sus silencios son difíciles de descifrar...